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  • ¿Por qué cuándo estamos de viaje nos enamoramos más intensamente?

    Te habrá pasado alguna vez en tu vida, bien sea cuando fuiste al campamento de verano o cuando viajaste a algún lugar y te enamoraste del vecino/a de la casa del lado donde te hospedas.

    ¿Por qué cuándo estamos de viaje nos enamoramos más intensamente?

    www.flickr.com/CC/mariasonsoles - Sonsoles Barutell

    Cuando te enamoraste en medio de un viaje, regresas roto e inconsolable porque estas consciente de que posiblemente no volverás a ver a la persona que te enamoro locamente, pero lo que más te duele es recordar todos esos momentos que pasaron juntos, como si toda una vida hubiese pasado en tan pocas horas.

    Pero todos nos preguntamos ¿Por qué sucede esto?, para responder esta pregunta, el psicólogo Jaime Burque nos da las siguientes explicaciones:

    1. Viajar nos hace renacer sentimentalmente:

    Jaime expresó que estando de viaje, “se generan una gran cantidad de emociones positivas en nuestro cuerpo, como la relajación, la ilusión, la alegría o la pasión, que producen un efecto dominó en nuestro cerebro; es lo que se llama florecer emocionalmente en psicología. Y cuanto más florecemos, más seguros estamos, más nos abrimos a la vida y más positivos nos volvemos, algo que tiene unas consecuencias espectaculares en el desarrollo de las relaciones afectivas”.

    2. Viajando te relajas y todo fluye:

    Burque en esto fue muy específico: “En nuestra vida diaria solemos tener hábitos, esquemas mentales y pautas de pensamientos que a veces son encorsetadas, negativas o rígidas. Cuando viajamos es como si rompiésemos en pedazos estos hábitos, y todo fluye con más fuerza. Desaparecen actitudes como la necesidad de aprobación, el victimismo o la anticipación negativa, y ganamos en una visión más positiva y sana de las cosas”, explica. Además, en las relaciones de pareja, “se descontaminan los problemas de comunicación, ideas irracionales o susceptibilidades que puedan tener sus miembros”.

    Y de igual forma añadió: “nos quitamos inseguridades, miedos o etiquetas perniciosas que hacen que la relación con un desconocido fluya de manera más natural y nos atrevamos a más cosas”.

    3. La novedad del paseo enciende el fuego:

    “La excitación de vivir cosas nuevas, de lo que está por descubrir, se puede trasladar también al lado más emocional, provocando un chispazo afectivo entre dos personas que empiezan un romance o encendiendo la llama de la pasión en una relación de pareja”, así lo explicó el psicólogo.

    4. Estar en ‘Modo vacaciones’:

    Al viajar tenemos la ‘atención plena’, para lo que Jaime explicó: “nuestra atención plena o mindfulness se expande de manera extraordinaria, haciendo que vivamos mucho más nuestro presente y dejando de perder energía en darle vueltas a un pasado que ya pasó o a un futuro que no controlamos”. “Esto hace que nuestro cerebro dedique toda su capacidad al presente, ya sea viviendo al máximo una puesta de sol, una comida o la propia relación afectiva”.

    5. Tenemos mucho más tiempo para compartir:

    Finalmente, Jaime Burque concluyó: “Compartir vivencias y experiencias -continúa Burque- une muchísimo, y crea lazos afectivos muy fuertes. Obviamente, eso es un caldo de cultivo maravilloso para el romance”.

    De igual manera, al tener más tiempo libre, podemos estar más tiempo junto al otro/a: “Cuando viajamos dedicamos mucho más tiempo a las relaciones que en nuestro día a día y sobre todo, aumentamos nuestro tiempo de calidad, algo que a su vez genera más intimidad, más profundización en la relación, más intensidad, más desahogo, más empatía, nuevas conversaciones y reflexiones…Todo eso, por supuesto, mejora la afectividad”.

    Para concluir, en medio del viaje “desaparecen móviles, televisión, internet y demás distractores negativos de nuestra vida diaria, que suelen provocar que pasemos por encima de las relaciones interpersonales. De pronto, todas estas murallas caen, abriendo la posibilidad a relaciones más naturales, fluidas y plenas”.

     


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